"Un sistema no puede sanar lo que no puede ver. Israel, como sistema portador de uno de los traumas colectivos más profundos de la historia, opera hoy desde sus capas más arcaicas de supervivencia. Comprender esto no es absolver ningún crimen: es la condición necesaria para imaginar una salida. Sin metabolización del duelo, sin diferenciación entre el ayer y el hoy, el ciclo continúa. Y los muertos — de todos los lados — siguen acumulándose en las raíces del árbol genealógico colectivo, exigiendo con su peso que alguien, algún día, los mire de frente."